El 7 de septiembre, Día Mundial del Buzo, es una buena ocasión para recordar que disfrutar del mundo submarino también implica cuidar la salud auditiva. Una correcta compensación de la presión durante la inmersión puede marcar la diferencia entre una experiencia segura y una lesión del oído debido al barotrauma. Someterse a cambios de presión tiene efectos sobre nuestro organismo. Y los oídos son, precisamente, una de las estructuras más sensibles a estas variaciones. Hoy hablamos de cómo prevenir el barotrauma y proteger los oídos bajo el agua.
Prevenir el Barotrauma y Proteger los Oídos bajo el Agua
Las actividades subacuáticas (buceo y pesca submarina) tienen un marcado carácter vacacional. Son muchas las personas que aprovechan las vacaciones de verano y la proximidad al mar para practicar submarinismo o para realizar algún curso para aprender a bucear.
Según la Encuesta de Hábitos Deportivos del pasado año 2025, elaborada por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, alrededor de 860.000 personas practicaron actividades subacuáticas en España el año anterior.
Barotraumatismo ótico o Barotrauma del Oído
El barotrauma es una lesión que se produce cuando un cambio de presión provoca una diferencia entre la presión existente en un espacio del organismo y la presión del entorno. En el caso del oído, el problema suele aparecer cuando la presión del oído medio no consigue igualarse correctamente con la presión exterior. Durante el descenso, la presión del agua aumenta y el aire que se encuentra en el oído medio se comprime. Para compensarla, el buceador debe conseguir que el aire pase a través de la trompa de Eustaquio.
Cuando esta compensación no se produce adecuadamente, aparece el denominado barotraumatismo ótico o barotrauma del oído. Es la lesión más frecuente relacionada con el buceo.
Uno de los momentos más delicados es el descenso, especialmente en los primeros metros. El riesgo de barotrauma es particularmente elevado desde la superficie hasta aproximadamente los 10 metros de profundidad, ya que en esta zona los cambios relativos de presión son importantes. La situación puede complicarse cuando la trompa de Eustaquio no funciona correctamente o existe algún factor que dificulta la compensación, como congestión nasal, resfriado, alergias o rinitis.
Esta situación es habitual entre las personas que descienden demasiado rápido y en aquellas que intentan continuar la inmersión a pesar de sentir dolor o presión en los oídos.
Las consecuencias dependen de la intensidad de la lesión. Así, mientras el barotrauma leve puede provocar sensación de presión, oído taponado o dolor, en los casos más importantes puede producir lesiones que afectan directamente a la audición y al equilibrio.
Si el tímpano se rompe, además, el agua fría puede entrar en el oído medio y provocar un episodio intenso de vértigo, con el consiguiente riesgo de desorientación bajo el agua. Una lesión del oído interno puede asociarse a pérdida auditiva, acúfenos y vértigo y requiere valoración médica.
Recomendaciones para Bucear sin Riesgo para los Oídos
En primer lugar, hay que aprender a compensar correctamente. La compensación de la presión debe formar parte del aprendizaje del buceador. Tragar, bostezar o realizar una maniobra de compensación adecuada permite abrir la trompa de Eustaquio y equilibrar las presiones. Es importante hacerlo desde el comienzo del descenso y de forma frecuente, sin esperar a que aparezca dolor.
No hay que forzar la compensación. Si el oído no compensa, no conviene insistir realizando maniobras bruscas. Lo recomendable es detener el descenso, recuperar la compensación y, si el problema persiste, finalizar la inmersión. El dolor es una señal de alarma.
Tampoco hay que bucear estando congestionado. Un catarro, una infección respiratoria o una congestión nasal pueden dificultar la apertura de la trompa de Eustaquio.
Descender de forma controlada, controlando la velocidad de descenso, es fundamental para evitar problemas. La formación es parte fundamental de la seguridad.
Si después de la actividad subacuática ha existido dolor importante, pérdida de audición, acúfenos, vértigo, secreción o sospecha de lesión del tímpano, es recomendable realizar una valoración sanitaria que puede incluir una prueba de audición o audiometría.
Incluso cuando la persona considera que ya se ha recuperado, una revisión auditiva puede ser una buena medida para comprobar que la audición ha vuelto a sus niveles habituales y detectar posibles alteraciones que hayan pasado desapercibidas.
El mes de septiembre es un buen momento para revisar la audición para comprobar que todo funciona perfectamente después de las actividades veraniegas.
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