La miopía es un defecto refractivo que dificulta la visión lejana. Se debe fundamentalmente a un alargamiento del globo ocular.

Cada vez más personas padecen miopía. De hecho, en los últimos 10 años la miopía ha pasado de afectar a casi 5 de cada 10 universitarios (47%) para afectar a 6 de cada 10 (62,5%). Los considerados “nativos digitales” (nacidos tras el año 2000) son más miopes en cantidad de afectados, en número de dioptrías y desde más pequeños.

Esta tendencia afecta a los jóvenes de todo el mundo. Según la asociación Visión y Vida (asociación que pretende, a través de la información y la educación, mejorar la visión de los ciudadanos), tres son las causas fundamentales de ello: el estilo de vida sedentario, el uso excesivo de pantallas y la adaptación fisiológica del sistema a los requerimientos visuales actuales.

A pesar de que la miopía tiene componentes genéticos, todavía hoy el 80% de los niños o jóvenes  descubren por sí mismos que padecen miopía. Algo que, según indica el presidente de Visión y Vida, Salvador Alsina, preocupa a los profesionales de la salud visual que creen que estos niños deberían estar monitorizados desde pequeños.

Prevenir el desarrollo de la miopía en los más jóvenes es fundamental para evitar que ésta evolucione y aumenten las dioptrías. A partir de 6 dioptrías nos encontramos lo que se denomina miopía magna que multiplica el factor de riesgo de padecer patologías oculares en la vida adulta y es una de las principales causas de discapacidad visual.

Si la tendencia sigue su curso y cada vez más jóvenes son miopes con alta graduación, en el futuro la sociedad tendrá que asumir un alto coste social para atender los problemas derivados de la alta miopía. Los datos son concluyentes: Más del 60% de los desprendimientos de retina se producen en personas miopes y la ceguera afecta actualmente al 10% de los miopes de más de 15 dioptrías.

Orto-k, lentes blandas y terapia visual

Hoy en día, a través de la cirugía refractiva, se puede corregir la miopía. No obstante, los expertos advierten de que el ojo, después de la operación, sigue teniendo una estructura miope y, como consecuencia, no se reducen los riesgos asociados a la misma, principalmente el desprendimiento de retina, el glaucoma y las cataratas.

Es prioritario frenar el avance de la miopía. Es posible hacerlo utilizando dos tipos de lentillas; lentes blandas y lentes de uso nocturno. La ortoqueratología es una técnica que, con la utilización de lentillas nocturnas, logra frenar la miopía hasta en un 41%.

También se ha demostrado muy útil la terapia visual, programas de ejercicios visuales personalizados por un optometrista comportamental.